20 de abril de 2012

Easy rider

- ¿Qué hace al encanto de esta máquina de dos ruedas?

- La verdad no lo tengo muy claro, o al menos no en palabras –me dice Coco (al que apodé sin conocerlo “Coco Harley” y mi despiste hizo que tocara en la puerta de su casa preguntando por él con este nombre a lo que su madre me respondió: “no, acá no vive Coco Harley pero pasá porque estoy segura que es a él a quien estás buscando”).



















Me contaron de un hombre cuya pasión era una máquina de dos ruedas con un motor especial que lo enamoraba desde siempre. Lo primero que hice cuando entré en su taller fue admirar el orden que hay en él: varias llaves inglesas dispuestas sobre un fondo azul y con cada silueta pintada de gris lo cual me hace suponer que parece fácil mantener todo en su sitio. Su escritorio es una mesa más larga que ancha de madera y sobre ella, un par de catálogos de años anteriores que aún sigue utilizando.

Coco es mecánico y en su tiempo libre arregla motos clásicas. Sé que me quedo corta cuando digo “arregla” porque este señor hace mucho más que eso: es una especie de coleccionista que busca piezas por todas partes del mundo con el objetivo de restaurar, -tomándose el tiempo que eso merece, algunas Harley- Davidson y otras de su estilo.

A mi lado tengo una moto amarilla en pleno proceso de refacción:

- esta moto era roja

- ¿y por qué le cambiaste el color?

Trae una foto y me la enseña. Miro la imagen con atención y me resulta hermosa: hay una moto color amarillo y a lo lejos un puente. Me la muestra para que me haga una idea de cómo va a quedar y eso me ayuda bastante a visualizarla. Me dice que decidió pintarla de otro color para cambiarle la cara porque la idea de Harley es un poco esa, trabajar en cada máquina como si fuese una obra de arte (luego de esta charla creo fervientemente que lo son).



Sobre una repisa hay varios modelos en miniatura, me cuenta que son de su hijo y aclara que son el sueño del pibe proyectado. El primer modelo de la historia de Harley es como una bici con motor (cerca del año 1903). Es raro asociar éste con los que vendrán más tarde pero intuyo que en ese preciso momento es cuando se convierte en un clásico. Hace algunos años que siento especial admiración por esta palabra y sobretodo por aquellos objetos que cuadran con este término: ser clásico es no pertenecer a ningún tiempo y estar inserto en todos ellos. Algo que no tiene tiempo se convierte en referencia y quien lo ve, es capaz de reconocerlo a vuelo de pájaro.

Le pregunto qué se siente al andar en una leyenda y me dice con los ojos bien grandes algo que yo luego trato de escribir con estas palabras: llevás el viento a tu favor y mientras todo va pasándote a los costados de repente te convertís en una especie alada que logra elevarte a dos centímetros de la ruta. Y tu corazón, feliz.

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