30 de marzo de 2012

Saber esperar

El vino es como una persona tímida cuando la ves no te dice mucho, pero luego con el tiempo vas descubriendo características que la hacen especial.

Cecilia es la cuarta generación de una empresa familiar hacedora de vinos.

Su bisabuelo desembarcó en nuestra tierra luego de un largo viaje y vio que nuestro terreno era bueno para la plantación de viñedos y eso fue lo que hizo, al cabo de un tiempo la tierra se llenó de uvas. Mi bisabuelo tuvo la visión del método artesanal y nosotros lo continuamos: nuestros vinos están en armonía con las estaciones y con la tierra por lo que cada añada es en su esencia diferente a la otra dependiendo del tiempo pero además de lo que en ese año hayamos querido desarrollar.  

Poca idea tengo yo del arte de hacer vino y por eso cuando hablamos de los aromas ella despliega un abanico de imágenes olfativas que se me hace difícil  interpretar. Es que tenés que hacerte como un banco de imágenes –me dice, mientras escaneo en mi archivo desde lo más añejo hasta mi actualidad y apenas si logro encontrarme con un pobre registro de este lenguaje. Ella –una chica dulce y muy dispuesta a contar cada detalle, me ayuda: me cuenta de frutas cítricas y de las distintas maderas y en mi imaginario comienza un desfile de aromas que se pasea con cierta fluidez. Ahora está mucho mejor. Acto seguido sube a la fábrica y busca una copa – es de laboratorio, me aclara y se dispone a abrir un barril. Enseguida me la llena con vino blanco, tiene un olor penetrante que rápidamente se impregna en mi memoria. Me dice que primero lo sienta en la nariz y que luego lo sienta en la boca para así poder reconocer sus notas aromáticas algo que perfectamente podría llamarse cata. El campo y  las frutas con una liviandad primaveral, pienso. 

Cada dato que confiesa es un pasaporte para un viaje de fotografías perfumadas. Un lento recorrido por el tiempo y la intriga de la espera. Hacer vino tampoco es para gente apurada sino todo lo contrario: es la recompensa por haber sabido esperar con calma. Es el amor por la tierra y por la naturaleza. Trabajamos con la idea de no alterar ni modificar nada, aceptando la cosecha tal cual se nos presenta sabiendo que el clima puede o no ayudarnos pero eso es lo que en definitiva, hace al proceso artesanal.

Dejo la bodega con la sensación de llevar una valija invisible cargada de nuevas esencias en esta mañana limpia. Acercarse a la tierra es como escuchar una canción de cuna, por más veces que uno repita su melodía nunca se cansa, ¿por qué será que en la sencillez hay tanto regocijo?



6 comentarios:

  1. excelente nota! ... gracias por compartirla... como siempre, un beso, Lucia.-

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  2. que lindos recuerdos me trae esta nota. la primera vez que tuve que informarme acerca de los vinos fue por obligación (trabajo); y anunca más pude separarme de todo ese proceso mágico que implica: "hacer vino". precioso!!

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  3. Yo no conocía casi nada y fue muy copado aprender un poco de todo ese universo, gracias por el comentario!

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  4. ¡Qué preciosa nota! La leí sonriendo y asintiendo por la calidez de tu buen relato y porque al vino siempre lo rodea ésto que transmites tan bien...compañía, imágenes, oficio y tanta sutileza aromática.
    Y tienes toda la razón... en la sencillez hay tanta riqueza libre de adornos que sólo queda lo esencial que siempre regocija.
    Un beso grande. ¡Un placer leer tu nota tan sensible y emotiva!

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  5. Gracias Pati y también yo hice sonriendo esta nota!

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